Entre las aves más populares en la Ciudad de México, se encuentra el Zanate, Quiscalus mexicanus, de negro plumaje lo que hace que muchos lo confundan con un cuervo a pesar de no tener ninguna relación con las grandes aves negras. Curiosamente las hembras son más pequeñas y el plumaje tiende más a todos de café oscuro que al negro.

Los zanates a pesar de ser de las aves más comunes en la Ciudad de México, no son originarias del Valle de México. Su distribución natural va desde el norte de Sudamérica, hasta sur de Estados Unidos, este se limita a las zonas aledañas a las costas y no al centro, ni al altiplano de nuestro país.

El Quiscalus mexicanus es el caso de una especie introducida en la región del Valle de México más antigua y documentada que existe. El responsable de que las aves encontraran en el Valle del Anáhuac un placentero hogar fue el emperador mexica Ahuitzotl, quien gobernó la gran Tenochtitlán de 1486 a 1502.

Ahuitzotl gustaba tanto de estas aves, que había observado en las costas del Golfo de México que las hizo traer de la zona de lo que hoy es río La Antigua, en el estado de Veracruz, y de acuerdo con el investigador Paul D Haeming, esta introducción de los Zanates requirió de tres etapas etapas, la primera fue atrapar y traer a las aves a Tenochtitlán y soltarlos en su nuevo hábitat, mantenerlos alimentado y la protección de la caza de las aves por parte de los habitantes de la capital del Imperio Mexica. Sahagún especifica que las aves fueron traídas de las provincias de Cuextla y Totonacapan

Fray Bernardino de Sahagún compara a los zanates con las urracas españolas y aclara en que “no son buenas para comer”.

El capricho de Ahuitzotl, resultó en términos biológicos un éxito. Hoy quinientos años después del reinado del Emperados Azteca, los zanates están muy bien en la ciudad que el mismo emperador sería incapaz de reconocer y con un lenguaje que para él resultaría ininteligible.

Para muestra un botón este Zanate que, durante los calores de las primeras semanas de abril de 2017, encontró una fuente a espaldas del Teatro de los Insurgentes al sur de la Ciudad de México donde darse un chapuzón y refrescarse.

 

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