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Están ahí, pero no los vemos. Ahí están desde la formación de la cuenca del Valle de México, eran ríos que alimentaban al sistema de lagos que ocupó antaño el terreno donde hoy se asienta la Ciudad de México y su zona conurbada, capital del país y centro de la actual megalópolis que contempla municipios que antaño fueron la sede de pueblos que tributaban a México-Tenochtitlán.

Esos ríos estaban llenos de fauna y de vida, peces, anfibios, reptiles aves y mamíferos. La descripción de la fauna del valle tanto por conquistadores como por los primeros frailes que llegaron a la zona nos hace darnos cuenta de la riqueza y los complejos ecosistemas que existían en el enorme y intrincado sistema de lagos y afluentes que caracterizaban a la región más transparente del aire. Con el paso de los siglos, el crecimiento de la población y por consiguiente de la mancha urbana fue acabando con ellos, su fauna y su flora. El gobierno decidió que muchos de estos ríos, fueran entubados para cubrirlos con asfalto y crear nuevas vías de comunicación. Otros permanecen descubiertos, sobre todo en los municipios de la zona metropolitana, pero se han vuelto ríos de aguas negras o grises, así como enormes depósitos de basura, en cuyas riberas habitan grandes cantidades de fauna nociva.

Así, nacieron a partir de la década de los 40 y hasta los setenta del siglo pasado vialidades como Río de la Piedad, Viaducto Miguel Alemán, Río San Joaquín, Río Mixcoac, Río Consulado o Río Churubusco, algunos de los últimos vestigios de este sistema fluvial que alimentaba a los lagos del Valle los podemos ver en principalmente en Xochimilco, donde parte del lago aún existe, en Tláhuac, o de manera menor en el pequeño río al descubierto que corre paralelo a Avenida Universidad desde Francisco Sosa hasta Río Churubusco y en los cruces de calles es entubado. Incluso para entrar a Coyoacán sobre Francisco Sosa existe junto a la capilla de San Antonio de Padua un antiguo puente.

La cantidad de animales que fueron afectados por esta decisión, no es cuantificable, en aquellas épocas lo importante la fauna, lo importante era dar una idea de modernidad que acabara con los rastros de un México rural en la capital del país, no proteger ecosistemas y mucho menos determinar la posible existencia de especies endémicas de los diferentes cauces fluviales de la Ciudad de México.

Baste pensar que aún se reconocen en los cuerpos de agua del valle, algunas, muy pocas en realidad, especies de peces endémicos del Valle de México. Resulta imposible saber cuántas especies acuáticas desaparecieron del Valle de México desde la llegada de los españoles y después a consecuencias de la urbanización y población de lo que es hoy una de las manchas urbanas más grandes del mundo, eso sin contar el impacto que la reducción de los lagos y ríos representó en las especies de aves que migran año con año desde el norte del continente.

Existe una familia de peces de agua dulce que son endémicos del altiplano mexicano y que se conoce Goodeidae. Existen alrededor de 40 especies diferentes de Goodoideos, estos pequeños peces viven en aguas someras, pero además los lagos del Valle tenían grandes peces que eran comestibles conforme a lo que platica Bernal del Castillo en su descripción del mercado de Tlatelolco habla de una especie de panes que se hacían con los peces que habitaban el lago, y de una especie de pescado blanco que tal vez, fuera similar al blanco de Patzcuaro. Fray Bernardino de Sahagún en La Historia General de las cosas de la Nueva España habla de diferentes especies de peces y de la manera en que eran nombrados y cocinados. De la misma manera da cuenta de reptiles e insectos acuáticos con los que los nativos del Valle se alimentaban.

Entre las especies nativas y las tradiciones que se remontan a la época de los antiguos mexicas, aun se cosechan en las zonas de Xochimilco, Tláhuac y Texcoco los huevecillos de un mosco que se capean, el nombre del platillo es el de ahuautle y conocido también como el caviar azteca, por su exquisito sabor, pero sobre todo por su precio. La desaparición de lagos y ríos del Valle de México han convertido al ahuautle como uno de los platillos más caros de la gastronomía prehispánica. También, se han visto reducidas las poblaciones de los pequeños camarones de agua dulce llamados acociles y que pertenecen al género Cambarellus, que es endémico de México y de los estados del golfo.

En el sistema de lagos también vivían tortugas, diferentes tipos de serpientes de agua, al parecer había nutrias a las que se ha querido identificar con el mítico monstruo del lago; el ahuizotl. Aunque Fray Bernardino dice que la palabra para nombrar a las nutrias era aitzcuintli y también utiliza acuitlachtli y ahuizotl. Su descripción de este último tiene que ver más con el mítico monstruo que ahogaba a las personas con su mano en la que terminaba su cola.

Garzas y garcetas que aún podemos observar en el sistema de lagos de Xochimilco y axolotes que hoy se encuentran en peligro de extinción pero que los antiguos habitantes del Valle de México apreciaban por su sabor y sus supuestas propiedades medicinales.

La próxima vez que vayas por una de esas vialidades con nombre de río, piensa que en realidad hace unos cien años, quizá un poco menos, ahí corría realmente un río que albergaba todo un ecosistema que hoy a fuerza de asfalto y malas decisiones ha desaparecido.

Armando EnríquezVázquez

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