Cuando los españoles llegaron al valle de México, no solo se sorprendieron de la cultura y el imperio que en él se asentaba, sino de las nuevas especies animales y en menor grado vegetales a las que se enfrentaron.

La mayor parte de las veces preocupados por su alimentación los españoles, aplicaron sobre gran parte de la fauna mexicana sin saberlo el viejo dicho chino que dice: Todo aquello que se arrastra, camina o vuela con la espalda al sol se come. De esta forma preocupados por la subsistencia y la conquista la documentación de mucha de la fauna y flora de la Nueva España se dio en los años posteriores a la caída de Tenochtitlán, contenía anotaciones de tipo gastronómico.

Claro que hubo de especies a especies que llamaron más la atención de los españoles. Aves de plumajes coloridos, mamíferos totalmente exóticos. Y claro hubo algunas de ellas que tal vez por lo pequeñas y comunes pasaron desapercibidas a la vista de muchos de estos conquistadores y cronistas como lo pasan a nosotros hoy en día. Simplemente las asimilamos como un elemento más del mobiliario urbano. Por ejemplo, las pequeñas aves de la ciudad.

Entre las aves más comunes de nuestra ciudad en pleno siglo XXI, podemos hablar de dos especies invasoras y una nativa.

La tortolita mexicana (Columbina inca) es un ave originaria de América Central y de América del norte los aztecas la conocían con el nombre de Cocotli. Su presencia en el Valle de México es muy común y de hecho las vemos deambular por las banquetas, parques, camellones, paradas en cables. Las tortolitas de cola larga son aves pequeñas de entre 16 y 23 cm, de color grisáceo y pico negro y se han convertido en una de esas especies que se adecuado totalmente a la vida urbana.

Igual de exitosas resultan dos especies invasoras que habitan nuestra ciudad los gorriones domésticos (Passer domesticus) y las palomas domésticas (Columba livia) ambas especies no solo se encuentran en la zona metropolitana de la Ciudad de México, sino que han sido muy exitosas en su propagación y las encontramos a lo largo y ancho de la República. Estas tres especies compiten por el alimento en plazas y jardines de la Ciudad de México.

Los gorriones domésticos por su parte que habitaban originalmente la región del Mediterráneo son una especie invasora exitosa en México y se le encuentra en casi todo el territorio nacional, a excepción de Yucatán, partes de Chiapas, Campeche, Tabasco. Los gorriones son portadores de diferentes enfermedades que afectan a los seres humanos entre ellas la encefalitis equina y compiten con las tortolitas por la alimentación, aunque son más pequeños en tamaño. Los gorriones miden entre 14 y 15 cm.

La presencia de las palomas es una de las más dañinas para el medio ambiente urbano; sus heces afectan al mobiliario de la ciudad al ser corrosivo del metal y de otros objetos, eso sin contar que las palomas son verdaderos focos propagación de diferentes enfermedades que afectan al ser humano. Por eso a las palomas se les conoce como ratas con alas y se han buscado diferentes soluciones para controlar su población. Se ubica su origen en medio oriente, pero se han esparcido como la rata noruega por todo el mundo. Curiosamente su presencia también tiene un beneficio directo sobre el crecimiento de la población de aves depredadoras de la Ciudad como halcones, gavilanes, lechuzas y búhos.

Entre las cosas fascinantes de la evolución estas tres aves se han vuelto totalmente omnívoras y no es difícil verlas picoteanto alimento, entre las mesas de un café, o al pie de puestos callejeros dedicados a la venta de tacos y fritangas. En la mayoría de los casos, estas tres especies, parecen haberse acostumbrado a la presencia del hombre y son parte de la fauna paisaje de la Ciudad de México.

Armando Enríquez Vázquez

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